La migración en nuestro país no es un problema reciente, sin embargo gracias a los avances en las tecnologías de información, y la apertura en la libertad de prensa e investigación, es ahora cuando los datos crudos nos llegan directamente a todos los ciudadanos. Es por eso que desde hace aproximadamente 5 años la emigración de mexicanos principalmente hacía Estados Unidos se volvió un problema “preocupante”. Comunidades enteras que se quedan desiertas o únicamente con mujeres y niños porque la mayoría de los hombres se han ido “para el otro lado”, algunos han logrado cruzar, y muchos otros se han quedado en el camino dejando a sus familias sin sustento y con el dolor de haber perdido a uno de sus integrantes en el intento por lograr el sueño americano.

Los que lo han logrado, presumen historias de éxito y prosperidad para sus familias, regresan después de varios años al país y se encuentran con la satisfacción de haber enviado a sus familias suficiente dinero para tener una vivienda digna, tal vez un negocio, coches o camionetas del año, y con el placer de ver que su trabajo aunque difícil ha rendido los frutos esperados.

Desafortunadamente son estas historias de “éxito” las que alientan a otros miembros de la familia y a otras familias a seguir intentando el cruce ilegal hacía el país del norte con la ilusión de conseguir un futuro mejor y por la desilusión de no tener oportunidades en su propio país.

Pero lo cierto es que no todo es miel sobre hojuelas; el proceso para cruzar la frontera de manera ilegal está plagado de peligros: asaltos, tratos denigrantes, engaños, abandonos en el desierto, días enteros de estar escondidos en condiciones más que precarias, enfrentarse a la transportación de seres humanos como si fueran mercancías y peor que si fueran animales…y en el peor de los casos la muerte inminente por ahogamiento en el río bravo o por insolación deshidratación o enfrentamientos con “la migra” si el cruce se intenta por el desierto.

Aunado a esto, está el cada vez más fructífero comercio ilegal de personas. Mientras más personas están dispuestas a cruzar de manera ilegal, más polleros dispuestos a pedir cantidades exorbitantes de dinero para pasar a nuestros connacionales hacia los Estados Unidos.

Razones aparentemente justificadas tienen los mexicanos para intentar tal travesía: Falta de oportunidades, sueldos miserables, comunidades con nulo desarrollo, deseo de superación, barreras gubernamentales, dificultad para iniciar nuevos negocios, etc. Sin embargo ¿Qué pasa cuando alguien que intenta cruzar la frontera es detenido? O ¿Qué pasa cuando es detenido después de haber estado ya un tiempo trabajando en USA de manera ilegal? Empiezan las vejaciones y tratos indignantes a los connacionales: encarcelamientos, maltratos, desprecio, tratos similares a los que brindan los polleros, torturas, golpes, robos, y en días recientes la tan controvertida ley Arizona que categoriza la inmigración ilegal como un delito, asignado automáticamente la categoría de criminales a los mexicanos que en busca de progreso crucen la frontera sin papeles.

Y la respuesta en México no se hace esperar, reclamos diplomáticos, indignación, voces que condenan ese tipo de conducta porque los mexicanos son la mano de obra Estadounidense, organizaciones no gubernamentales alzando la voz y condenando los actos de discriminación; la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos alzando la voz y exigiendo al gobierno que tome cartas en el asunto y reclame al gobierno Estadounidense el cese inmediato de este tipo de tratos.

Hasta aquí todo bien, y todo acorde con la realidad que viven los migrantes, sin embargo no podemos tapar el sol con un dedo, México reclama un trato digno para los migrantes asentados en USA, pero el reclamo aunque legítimo se hace sin ninguna calidad moral. Porque lo cierto es que México se ha olvidado que también tiene una frontera sur, en donde todos los días cientos de migrantes centro y sudamericanos intentan cruzar de la misma forma que los mexicanos intentan cruzar la frontera norte: Sin papeles.

Y siendo México un país “tan comprensivo” en los temas migratorios, cualquier ingenuo pensaría que los migrantes sudamericanos encuentran el trato digno y adecuado que tanto reclamamos los Mexicanos, desafortunadamente la realidad nos dicta lo contrario. El trato a los miles de guatemaltecos, ecuatorianos, colombianos, beliceños, nicaragüenses, costarricenses, peruanos, etc., por parte de los agentes migratorios Mexicanos es peor, y más denigrante que el recibido por los mexicanos en Estados Unidos.

Basta con ver las condiciones laborales en las fincas de café chiapanecas; si algún día en México se abolió la esclavitud, en aquellas fincas ese decreto no ha llegado. Contratando migrantes con sueldos más que miserables, jornadas laborales de más de 12 horas, nulas prestaciones laborales, condiciones de vida realmente denigrantes, tratos que rebajan la condición humana a la nada, contratación de niños sin pena ni gloria, condicionamiento de la comida en base a los resultados laborales, etc. Viendo esto, ¿Con que derecho exigimos? ¿Con que derecho cuestionamos? ¿Con que derecho alzamos la voz?

La doble moral del gobierno mexicano en temas migratorios, es ofensiva, indignante e irrisoria, vaya, basta con ver los reclamos de los migrantes que cruzan por la frontera sur de nuestro país: Robos, extorsiones, VIOLACIONES, encierros, desinformación, corrupción, agresiones, todo por parte de los agentes migratorios mexicanos. Y en esta semana, la cereza del pastel; aparecen 72 inmigrantes sudamericanos masacrados por la delincuencia organizada en Tamaulipas, sin que el gobierno mexicano haya podido o querido hacer algo.

¿Qué hubiera pasado si la historia fuera en sentido inverso? Si los 72 inmigrantes masacrados hubieran sido mexicanos muertos en Estados Unidos, la mitad del país intentaría tomar las armas, condenar al gobierno Estadounidense, la cancillería mexicana “alzando la voz” y exigiendo con coraje una respuesta, una explicación… sin embargo ¿Qué ha hecho el gobierno mexicano para disculparse con los gobiernos sudamericanos por su ineficiencia para manejar la seguridad nacional y los derechos humanos en nuestro propio país? Absolutamente nada.

Es en definitiva una tristeza ver que haya mexicanos que reciben tratos indignantes en otro país y más cuando se han ido en busca de mejores oportunidades. Es nuestro derecho reclamar un trato digno, reclamar la salvaguarda de los derechos humanos para los millones de inmigrantes mexicanos en USA, sin embargo para que podamos legitimar tal derecho, debemos ser un ejemplo en el trato a los migrantes. Debemos voltear la vista hacía nuestra propia casa, hacía nuestros propios agentes migratorios, que son igual o peor que los agentes migratorios de país del norte.

Exigir justicia, pierde todo sentido cuando nosotros no la impartimos o peor aún no la conocemos. No nos ceguemos por una realidad parcial, con el mismo ahínco que pedimos por los derechos de los migrantes mexicanos, exijamos al gobierno mexicano el trato digno a los migrantes sudamericanos.

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