Por lo general, uno asiste a la universidad a adquirir nuevos conocimientos, escogiendo para ello un área específica. Con el tiempo y el conocimiento acumulado se obtiene un título profesional que certifica nuestras habilidades en dicha área y nos da la oportunidad de encontrar trabajo mucho más especializado. Sin embargo la universidad no solamente sirve para adquirir conocimiento, por lo general y de forma optativa, se pueden realizar actividades culturales, deportivas, de esparcimiento y liderazgo que ayudan a fortalecer el carácter y a la adquisición de nuevas habilidades.

Y es precisamente del liderazgo estudiantil de lo que en esta ocasión toca reflexionar: ¿Por qué trabajar tanto en actividades de liderazgo? ¿Vale la pena realizarlas? ¿Qué ventajas nos proporcionan dichas actividades?

La mayoría de las universidades tanto publicas como privadas cuentan con asociaciones estudiantiles que se encargan de representar a los alumnos con las autoridades universitarias y el exterior. Llamándose Consejeros Universitarios, Presidentes, Coordinadores, Representantes, etc., la tarea fundamental e ideal sería el buscar el bien común para las personas representadas, aprender de las actividades que se organicen, desarrollar capacidades de liderazgo y aplicarlas en un futuro en cargos empresariales o públicos.

Éstas actividades son desde mi perspectiva en extremo importantes para el desarrollo tanto personal como colectivo, sin embargo nos podemos encontrar con muchos representantes estudiantiles que desde el momento de tener un cargo que les proporciona cierta posición y les otorga determinados privilegios, trasgiversan el propósito de su cargo y caen en la prepotencia, el conformismo, la falta de compromiso, y en casos más graves, la corrupción, el robo y la extorsión.

¿Por qué se da esta situación? Se da sin duda porque no se entiende que la obtención de un cargo de representación estudiantil acarrea grandes responsabilidades y muchos compromisos; y sin duda hay dos caminos para desarrollar estas funciones: el camino fácil que se encarga de organizar únicamente eventos sociales que generen fondos y diviertan al “pueblo universitario” y el camino difícil y en mi opinión el correcto: El de crear programas que trasciendan, el de entender las necesidades de las personas a las que se representa y diseñar estrategias para cubrirlas.

Desafortunadamente en su mayoría los líderes estudiantiles eligen el camino fácil, ese camino que implica quedar bien con las autoridades universitarias para buscar prebendas, sin importar que en el camino queden atropellados los derechos de los universitarios; ese camino fácil que busca únicamente presumir un cargo por el que no se trabaja; ese camino fácil que implica otorgar beneficios a los amigos en lugar de a las personas que de verdad lo necesitan con la intensión de cobrar ese favor más adelante.

No es fácil ser un buen líder, se debe conciliar, negociar, ser paciente, tener empatía, demostrar determinación y perseverancia. Para serlo hay que tener poder de convencimiento y encaminarlo hacía la consecución de buenos objetivos; no se debe confundir el poder de convencimiento con la manipulación, y nunca debe darse pié a la duda acerca de la integridad y la calidad moral. Nunca caer en el autoritarismo, la imposición y mucho menos la indiferencia.

Desgraciadamente es triste ver el potencial que México tiene en sus líderes estudiantiles y que se encuentra francamente desperdiciado, y se encuentra así por la falta de iniciativa, de ganas de trabajar de la mayoría, y es además preocupante porque son seguridad muchos son los líderes políticos del mañana. Esos líderes que en un futuro tomarán decisiones que nos afecten a todos y no nada más a su comunidad universitaria y en muchos nos encontramos un actuar cargado de las ya tradicionales costumbres políticas de nuestro país: cabildeos en lo “obscurito”, corrupción, venta de oportunidades, traiciones, deslealtades, desentendimiento.

El nuevo liderazgo estudiantil tiene que ser impulsado sin duda por los mismos estudiantes, tiene que ser encaminado hacía la construcción de un México mejor y no nada más de una posición personal. El nuevo liderazgo estudiantil es inquisitivo, proactivo, es el que ve los problemas, los critica abiertamente y sin miedo y se pone inmediatamente a trabajar en la construcción de soluciones. Es tiempo de ver un nuevo liderazgo consiente de los rezagos sociales y dispuesto a actuar para combatirlos, un nuevo liderazgo que entienda que se necesita ser incluyente, que se necesita la participación de todos los actores sociales, políticos y empresariales para crear soluciones eficientes.

Es por esto que los invito a que cada que conozcamos a un joven que dentro de sus actividades universitarias realice actividades de liderazgo, lo cuestionemos: ¿Qué acciones has realizado para beneficio de la gente que representas? ¿Eres un verdadero agente de cambio o solamente presumes una posición?

Cuestionemos y presionemos a nuestros estudiantes para que podamos convertirlos en un futuro en líderes preocupados por el desarrollo de su país y no solamente preocupados por el desarrollo personal. Hagámosles entender que siempre que se busca el bien común se obtiene el desarrollo personal.

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