Con motivo del cuarto informe de gobierno, uno de los “logros” presumidos, es el “gran avance” que se tiene en la construcción de un sistema de salud universal. Según datos expuestos durante los promocionales del gobierno de la república, en este año se alcanzó a tener más de 90 millones de personas afiliadas tanto al IMSS, ISSSTE o al Seguro Popular. Sin ir más allá se podría deducir que habiendo 107 millones de mexicanos, el gobierno ha cumplido y tenemos aproximadamente el 90% de la población afiliada a los sistemas de salud.

Desgraciadamente como muchas de las políticas públicas que se intentan implementar en México, la salud universal se planteó como una promesa de campaña, y se inició su aplicación sin tener un verdadero plan de acción, una estrategia que hiciera verdaderamente viable su realización, simplemente se dio la orden: Que no haya una sola persona sin cobertura de salud. ¿Cómo se va a lograr esto?… como sea.

Y fue así como tratando de impulsar el Seguro Popular, programa que había sido creado el sexenio de Vicente Fox, se comenzó a credencializar y afiliar a todo aquel que no contara con acceso a los sistemas de salud pública. Sin embargo el gobierno federal olvido o dejó de considerar un detalle muy importante: El sistema de salud ya tenía demasiadas carencias, necesidades y problemas: Sobrepoblación hospitalaria, falta de medicamentos, atención deficiente, presupuestos que se quedan en las manos de directores de hospitales, directores de área, licitaciones fantasmas, robo hormiga, sindicatos y un amplio, amplísimo etcétera.

Sin corregir absolutamente nada, se comenzó a ofrecer acceso a la salud pública a millones de mexicanos, el resultado: No cambió nada. La gente que no podía atenderse por no tener seguro social sigue sin poder atenderse porque sencillamente la capacidad de atención de los hospitales públicos está ampliamente rebasada y no se hace nada al respecto. Por lo que no podemos alegrarnos cuando escuchamos que hay 90 millones de mexicanos con cobertura de salud. Al contrario, es una situación que debe avergonzarnos, cada año contamos con más mexicanos que tienen que esperar 4 o 5 meses para se les haga un estudio, 4 o 5 meses para que los consulte un especialista y otros 4 o 5 meses para que le programen una intervención quirúrgica.

Para cuando un paciente es hospitalizado, las complicaciones y problemas de salud iniciales se han sin duda multiplicado y el viacrucis apenas comienza: Si ha tenido suerte de tener una camilla, a lo mejor no se ha tenido la suerte de que esa camilla esté en una habitación, no es de extrañarse que haya pacientes en los pasillos de los hospitales, o sentados en una banca deteniendo su suero porque simplemente no hay más espacio. Y así nos podemos topar con pacientes teniendo que ir al baño en botellas de plástico o en lo que sea que esté a la mano, porque ir al baño puede resultar impensable y pedir ayuda a una enfermera… primero habría que encontrar alguna que esté disponible.

Aunado a esto, las implicaciones para el país de la falta de planeación y estrategia, repercuten también en lo económico y lo fiscal, por un lado se tiene un sistema de afiliación que cobra a sus afiliados una cuota, que dependiendo del sueldo que se tenga debe ser cubierta de manera íntegra por el trabajador o en su defecto por el dueño de la empresa; y por otro lado se tiene un sistema de salud subsidiado por el gobierno que no cuesta nada a los afiliados, de esta manera el mismo gobierno promueve la economía informal y la evasión fiscal. ¿Por qué pagar una cuota mensual de un seguro que puedo conseguir sin pagar? La única respuesta sensata que se podría obtener es el hecho de tener acceso también a un programa de pensiones y vivienda que se obtienen por el pago mensual de la cuota del seguro, sin embargo son de igual manera sistemas deficientes. El sistema de pensiones no aguanta más, es financieramente insostenible, sin embargo no se tiene ni siquiera la voluntad de que algo cambie para mejorar. Del sistema de vivienda ni hablar, el gobierno asigna licitaciones a constructoras para edificar casas de interés social, que luego son compradas por las mismas constructoras y re-vendidas a precios exorbitantes. El resultado: Empresarios de la construcción millonarios, gobernantes millonarios, y ciudadanos con créditos a 20 o 30 años de una casa que vale la mitad de lo que se paga.

No es suficiente con que todos los mexicanos tengan en su casa un papel o una credencial que diga: Seguro popular, IMSS o ISSSTE, se necesita que los mexicanos podamos tener acceso a un sistema de seguridad social que cumpla precisamente con su cometido, otorgar un sistema de salud de calidad que pueda verdaderamente atender a todos sus afiliados, tener un sistema de pensiones que garantice que el trabajo de toda una vida será suficiente para poder retirarse dignamente, un sistema de viviendas que fomente la adquisición de una vivienda a un precio justo en un tiempo razonable; que verdaderamente eleve la calidad de vida.

Es un hecho el gobierno federal ha fallado una vez más en cuestión de políticas públicas, no hay una planeación adecuada, no hay una estrategia correctamente diseñada, no hay capacidad para implementar nuevos sistemas o nuevos programas, y al final el último en beneficiarse es el ciudadano que con sus impuestos paga el sueldo de los gobernantes que un lugar de ser servidores públicos, se convierten en servidores privados, enfocados a beneficiarse personalmente, beneficiar a su partido y beneficiar a sus amigos. ¿Y el pueblo cuando?

Es muy fácil hacer promesas en campaña, y es mucho más fácil aplicar soluciones que tapen el problema aun y cuando no lo resuelvan, de esta manera la ciudadanía tiene la impresión de que el problema se ha resuelto, la promesa se ha cumplido, y cuando es problema sea incontenible, estallará en las manos de otro gobernante. En cuestión de salud es necesario invertir en hospitales que se inauguren en cuanto se terminan y no en cuanto el presidente puede ir a la ceremonia, se necesita que el presupuesto asignado para el área de la salud llegue verdaderamente a aplicarse en pro de los ciudadanos y no se quede en la bolsa de los sindicatos y políticos, se necesita sin duda diseñar un verdadero sistema de seguridad social, conocer todas sus implicaciones y dejar de hacer política al vapor.

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