El pasado domingo 3 de Octubre, en Brasil se llamó a votar a poco más de 123 millones de brasileños para elegir al sucesor de Luiz Inácio Lula da Silva, un líder nato y ejemplo de buen gobierno para los brasileños. Fue un domingo histórico para Brasil, era la primera vez en 21 años en Lula no participaría del proceso, sin embargo era claro que el proceso electoral estaba inundado con su esencia y carisma. Lula da Silva termina su periodo presidencial con un 80% de aceptación después de 8 años de estar al frente de la nación sudamericana. La gente en las calles anhelaba poder reelegirlo sin embargo la constitución brasileña prohíbe un tercer periodo.

Los medios de comunicación y los mismos actores políticos latinoamericanos han formado la percepción de que por lo general un gobierno de izquierda representa un foco rojo, un peligro de ser una puerta de entrada a dictaduras modernas, a desequilibrios sociales, a perdida de la propiedad privada y riesgo de fuga de inversiones, ¿Por qué un presidente de izquierda como Lula goza de una popularidad tan elevada?

La respuesta aunque simple, nos demuestra un complejo proceso de crecimiento político y verdadero entendimiento de las necesidades populares. Lula da Silva nació el 27 de Octubre de 1945 en el seno de una familia humilde de labradores, mudándose a la capital Sao Pablo en 1952 en donde trabajó como limpiabotas, ayudante de tintorería, vendedor de frutas y trabajador de la industria metalúrgica a los 14 años.

Fue un trabajador que conoció los sectores populares del país, vivió jornadas laborales intensas con sueldos raquíticos, conoció las necesidades de su pueblo porque las vivió en carne propia, y fue su sentido de justicia lo que lo llevó al sindicalismo en 1966, donde creció rápidamente, siendo nombrado 6 años después, primer secretario del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo.

Después de haber dirigido varias huelgas en la industria metalúrgica peleando por los derechos de sus agremiados y haber luchado en contra de la dictadura brasileña, fundó en 1980 el Partido de los Trabajadores (PT), partido que lo llevó en 1986 a ser elegido diputado federal con un record en votos. De igual manera con el PT Lula Da Silva participó en las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998 las cuales perdió y en las elecciones de 2002 que le dieron el triunfo y en 2006 cuando fue reelegido.

Durante su mandato Brasil se convirtió en una de las cuatro grandes economías emergentes del planeta formando parte del poderoso BRIC junto con Rusia, India y China; logró colocar a Brasil en la mira de los inversionistas extranjeros por la estabilidad económica y política proyectada hacía el exterior y sin duda una de sus victorias más importantes la logró con el diseño e implementación de políticas sociales que sacaron a más de 29 millones de personas de la pobreza para insertarlas en la clase media del país.

Para cerrar con broche de oro su periodo al frente de Brasil, Lula consiguió hacer sede al país del Mundial de futbol 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016.

Lula fue sin duda un presidente cercano a la izquierda, siendo criticado por sus acercamientos con países como Irán o Cuba. Pero sin duda ejerció una izquierda moderna, responsable, enfocada a sacar adelante a su país y no solamente a su persona. Lula teniendo la opción por su popularidad de buscar una reforma constitucional como lo hicieron sus pares, Hugo Chaves en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador y el intento de Manuel Zelaya en Honduras, entendió que el poder tiene una fecha de caducidad. Lula sin duda, fue un luchador social una persona que no olvidó la historia de su país, severamente dañado por sangrientas dictaduras militares, no olvidó su propia historia personal, una historia de lucha constante y de pobreza vivencial y no solo discursiva. Entendió que el poder es para servir a la gente desde sus tiempos de líder sindical y mucho más durante su época de presidente. No se olvidó de los más pobres pero tampoco se peleó con los más ricos, llevó a cabo una política incluyente, dispuesta al dialogo, abierta a nuevas propuestas, con miras tanto al interior como al exterior de su país. Sin haber recibido una formación académica sólida por lo fue duramente criticado, fue capaz de influir en los líderes mundiales instruidos en las universidades más prestigiosas del mundo, logró un respeto absoluto que siempre canalizó hacía el bienestar de su país y su gente.

Lula fue un líder de izquierda que se convirtió en político para ayudar a su gente, y no fue un político que intentó percibirse como líder. No necesitó una preparación académica porque la vida lo preparó presentándole todas las adversidades que atraviesa su pueblo para salir adelante, y cuando tuvo la oportunidad utilizó ese conocimiento a favor del pueblo.

¿Cuándo veremos un liderazgo así en México? Probablemente nunca, liderazgos existen, pero todos se centran en el beneficio personal disfrazado de colectivo, líderes de izquierda que al volverse influyentes en las esferas políticas y sociales olvidan su origen “humilde” que tanto presumen y se dedican a cabildeos “en lo obscurito” que se enferman de poder aun y cuando nunca lo han tenido. Tenemos líderes de izquierda que lo son porque su partido se los impone, pero su convicción los lleva a caer en las mismas prácticas que critican de la derecha.

La ideología izquierdista no representa un peligro para ningún país, el peligro recae en sus representantes y su ambición descontrolada, su falta de tacto, su sed de poder.

Aclaración final: Debido a las elecciones presidenciales en Brasil algunos seguidores de AMLO han aprovechado para comparar al tabasqueño con Lula da Silva. Seamos serios, realistas y consientes, AMLO con todo el dinero que ha gastado en recorrer el país y con tal cantidad de seguidores ya habría verdaderamente logrado un cambio para el país, pero esa no es la intención solo es el discurso. Si la intención fuera realmente tener un proyecto alternativo de nación con la influencia que AMLO tiene y su poder de convocatoria que siempre presume ya hubiera sido posible implantar ese cambio, ese nuevo orden político, pero la condición que se impone para tener ese proyecto alternativo es obtener la presidencia de la república a como dé lugar. Así ni es tan republicano, ni está tan comprometido ni es tan influyente como presume ni quiere cambiar al país, si verdaderamente quisiera ya lo estaría haciendo. Sean serios y eviten comparaciones producto de la desesperación.

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