El gabinete de seguridad se encuentra de plácemes por la muerte del Capo Ezequiel Cardenas Guillen alias “Tony Tormenta”. La SEDENA y la secretaría de Marina dan sendas conferencias de prensa informando que su intento de captura en el que resultó abatido, fue el resultado de medio año de “inteligencia” que llevó al despliegue de más de 600 efectivos para poder capturar al líder del Cártel del Golfo. La presidencia de la república recibe aplausos internacionales y Felipe Calderón recibe la palmada en la espalda del presidente Obama. ¿Entonces por qué la sensación de inseguridad continúa en el aire?

No podemos negar que la muerte o captura de los principales protagonistas del crimen organizado es acción plausible, que debe continuar llevándose a cabo, sin embargo debe continuar llevándose a cabo en el marco de una verdadera estrategia de seguridad nacional, que permita no solo la muerte o captura de los jefes de las bandas criminales, si no que las desmantele por lo completo, que verdaderamente afecte su estructura al punto de forzar su desaparición al no poder continuar operando. De lo contrario, la muerte de un capo solamente trae el ascenso de otro de forma inmediata.

El peligro que representa el narcotráfico para México no es para nada un problema menor ni simple de resolver; en el momento en el que se decidió iniciar un combate frontal desorganizado, nos hemos encontrado con más de 40 mil muertos, un clima de inseguridad que ha obligado a cancelar actividades al aire libre de ciudadanos en diversos estados del norte y centro del país y por si fuera poco en lugar de un crimen organizado debilitado por la guerra frontal que libra en contra del Estado Mexicano, la realidad nos demuestra todo lo contrario: El narcotráfico está más infiltrado que nunca en los cuerpos de policía, en el gobierno, en la ciudadanía, en la economía. El tejido social está más desgarrado que nunca, cuando se supone que debería presentar señales de mejora, de avance…nada de eso ha ocurrido, ni ocurrirá en el corto plazo.

Se ha sugerido legalizar la marihuana como una forma de restar poder al crimen organizado, otorgar poder al gobierno para controlar la venta y distribución de la droga y aumentar de forma sustancial la recaudación de impuestos por el comercio de la droga y una supuesta disminución en los índices delictivos…nada más falso que eso. Por principio de cuentas, como se ha debatido mucho, para que la legalización funcione debería legalizarse a la par en Estados Unidos, el principal (pero no único) mercado de las exportaciones de droga mexicana, y esa es una opción prácticamente imposible.

De igual manera, la legalización de la marihuana no aportaría los recursos fiscales por la vía de los impuestos que suponen muchos, por el simple hecho de en México ni los mismo gobiernos pagan sus impuestos en tiempo y forma, ni los empresarios, ni las instituciones, ¿Por qué de la noche a la mañana el crimen organizado se comportaría de manera civilizada, éticamente correcta y pagaría mes con mes sus impuestos? Esto es improbable, risible, y deja un amplio rango de drogas en la ilegalidad para seguir reportando ganancias millonarias al narcotráfico.

Los cárteles de la droga tienen una estructura financiera sumamente compleja que les reporta ganancias lícitas que pasan a ser utilizadas para la compra de armas, efectivos, sicarios, políticos, droga; y de igual manera cuentan con una compleja red de ingresos ilegales que pasan a formar parte de la economía formal creando fuentes de empleo y desarrollando la economía de pueblos enteros. ¿Qué tanto se vería afectada la estabilidad económica del país si el dinero del narcotráfico sale completamente de la economía? Nadie tiene una cifra o un pronóstico exacto y esto nos habla de lo complejo que es combatir financieramente al narcotráfico.

Hablando de la infiltración del narcotráfico en la sociedad, nos encontramos con que la línea divisoria entre el crimen organizado y la sociedad civil comienza peligrosamente a desvanecerse, cuando el narco recluta jóvenes que al no tener otra oportunidad para conseguir un trabajo o continuar sus estudios, toman la opción de pertenecer a las redes criminales, y esto cuando tienen opción de decidir, porque el crimen organizado no ha dejado espacio para tomar decisiones: o participas o te mueres.

Y qué decir del poder armamentista del crimen organizado, es sin duda similar al de cualquier ejército rebelde luchando en un país en guerra: Armas de alto poder, vehículos blindados, granadas de fragmentación, lanza misiles, cientos de miles de cartuchos útiles, ¿De dónde sale todo este arsenal? Gran parte de él proviene de Estados Unidos penetrando de forma ilegal las fronteras sin que aparentemente nadie se de cuenta del trasiego de armas entre Estados Unidos y México y cuando todos “abren los ojos” las armas ya están en México matando civiles, policías, políticos, empresarios, ¡CIVILES! Las críticas hacía el gobierno Estadounidense no se ha hecho esperar, sin embargo estas críticas provienen únicamente del sector social, periodístico o empresarial, porque el gobierno mexicano nunca ha alzado realmente la voz exigiendo a USA que imponga controles reales en las fronteras que tanto protege, y que tome cartas en el asunto del tráfico de armas ya que sus agentes aduanales son tan corruptos como los mexicanos y no pareciera importarle a nadie.

Como sociedad hemos sido secuestrados por el crimen organizado y olvidados por la clase política, contamos con un gobierno que declara una guerra sin estrategia y francamente inútil, y una clase política que critica pero no propone solución alguna, que en su cómoda oposición revela cifras y problemas en lugar de soluciones.

Las cifras y comunicados oficiales parecieran orientados a sentirnos orgullosos de las capturas recientes realizadas por efectivos del ejército e infantes de marina, sin embargo ¿esto resuelve el problema en el que nos han metido? ¿Esto termina con las más de 40 mil muertes hasta el momento? ¿Esto da un paso adelante en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado? Honestamente NO. Mueren capos, y surgen nuevos, mueren campos y vive el narco.

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