Según la Real Academia de la lengua, la burocracia se define como:

1.- Organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios.

2. f. Conjunto de los servidores públicos.

3. f. Influencia excesiva de los funcionarios en los asuntos públicos.

4. f. Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas.

Aunque técnicamente podríamos decir que la definición más imparcial es la que argumenta que la burocracia es un conjunto de servidores públicos…. Al menos en México no solamente es un conjunto de servidores públicos, son servidores públicos con una influencia excesiva en los asuntos públicos y sin duda los principales contribuyentes a la ineficiencia en la administración a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas.

En definitiva, no podemos como en ningún tema, generalizar y decir que todos los burócratas o trabajadores de gobierno son ineficientes, prepotentes o déspotas; Es un hecho que existen trabajadores honrados, que asisten a laborar con la intención de ser verdaderos servidores públicos y que han encontrado una forma de vida dando atención al pueblo siendo un vínculo entre éste y el gobierno para la realización de diversos trámites.

Desgraciadamente la realidad nos rebasa, día a día conocemos a alguien que entró a trabajar al Gobierno porque es primo del gobernador, hermano del secretario de estado, amigo del presidente municipal y un gran etcétera. ¿Qué pasa con estos “burócratas”? Son burócratas ornamentales, con puestos inventados, sin tareas claras, pero eso sí con sueldos estratosféricamente altos en comparación con un trabajador promedio. La mayoría de ellos se dedican a realizar “favores” a sus benefactores, ser sus ojos y oídos en las oficinas, detectar “alborotadores”, frenar movimientos, negociar libertades, derechos, beneficios.

Algunos reciben partidas extraordinarias para tener contentos a su compañeros: haciendo fiestas, regalando dádivas, comprando los tamales del fin de semana, en una palabra continuar con la línea de la política mexicana durante años: Al pueblo, pan y circo.

Aquí hago un paréntesis para preguntar: ¿Por qué como pueblo seguimos permitiendo recibir una torta, una gorra, un cilindro y una playera a cambio de un voto, o del silencio? ¿Será que entonces si tenemos el gobierno que nos merecemos? Creo que no merecemos estas acciones pero hemos dejado que sucedan por la pasividad de los electores, por el miedo a la represión, por la falta de verdaderos líderes.

Continuando con el tema de la burocracia, ¿Por qué alguien desea entrar a trabajar al gobierno de cualquier estado o municipio? La mayoría de los sueldos no son competitivos, lo realmente importante son los sobresueldos y bonos periódicos, cada que hay campañas políticas, el candidato del gobierno recibe la desinteresada y obligada cooperación “por el bien del partido”, “como una pequeña remuneración al partido que les mantuvo el puesto durante 3, 6, o más años”. Al ser burócrata, se convierte uno en un acarreado incondicional, en un votante coaxionado, en un participante de la democracia ficticio, en una herramienta del aparato político más que en un participante de la democracia.

Teniendo en cuenta este escenario ¿Por qué hay tanta gente deseando ser burócrata?

Porque si se tiene o se obtiene una base, se obtiene prácticamente un puesto de por vida haga o no haga bien su trabajo, porque en una de esas oportunidades cae un “hueso” y resuelve la vida del que le toque, porque en una de esas se vuelve uno amigo del nuevo gobernador o del nuevo presidente municipal; ,muchos quieren participar de la burocracia más que de la democracia porque el ser “gente de confianza” los sueldos son bastante atractivos, los robos y desfalcos al erario se realizan como quitarle un dulce a un niño, porque durante el periodo que dure su cargo se tiene prácticamente impunidad total, una especie de fuero. Se tiene acceso a recomendaciones para familiares, amigos o favores pendientes para ganar dinero, licitaciones o privilegios que a la postre van formando una red de personas que bien operadas pueden constituir un capital político importante para futuras contiendas.

Debido a tan atractivas prebendas, con cada cambio de administración, tenemos miles de personas cuestionándose si tendrán o no trabajo para la siguiente administración y máxime cuando el gobierno cambia de partido. Nos encontramos con cientos de personas furiosas con el nuevo gobierno y nuevo partido reclamando el poco interés que muestra el nuevo gobernante por sus puestos de trabajo. Encontramos burócratas gritando y consignando voz en cuello la grave injusticia en que se convertiría su despido; ya que sus puestos sin importar que sean inventados, que no tengan verdaderas tareas asignadas y que sirvan para engrosar el gasto corriente que tanto daño hace a la economía nacional, son personas trabajadoras, con las mejores intenciones, decididas a servir a su nuevo jefe y dejar de mostrar gratitud hacía sus antiguos patrones.

¡POR FAVOR! Es una actitud inconcebible, irrisoria, inverosímil, vaya son simples patadas de ahogado. ¿Qué no sabían cómo funciona la política cuando firmaron su primer contrato? ¿De verdad pensaron que al llegar un nuevo gobernante iba a respetar a la gran cantidad de gente que no le sirve para nada más que para pagar facturas pendientes y hacerse de su propia red de personas afines? ¿No fueron acaso suficientes las prebendas disfrutadas durante un periodo de tiempo? ¿No han robado suficiente?

Antes de pedir un imposible a los nuevos gobiernos deberían regresar al día que decidieron ingresar a la burocracia sin tomar previsiones a futuro, deberían cuestionarse si el volado de pensar que un mismo partido y un mismo jefe durarían para siempre junto con su puesto valió la pena.

Porque una cosa es trabajar para una empresa cualquiera y ser despedido sin razón, y otra muy diferente, es trabajar para el gobierno, ser contratado sin razón y desde luego ser despido sin razón alguna.

¿Cuánto tiempo más vamos a ver a miles de personas que, al perder el volado que ellos decidieron jugar, se dedican a cuestionar las decisiones de los nuevos gobiernos, cuando no las cuestionaron al momento de ser contratados y saber qué serían burócratas ornamentales?

Queda la pregunta en el aire: ¿Vale la pena jugársela? ¿Se vale reclamar las reglas de un juego que previamente se conocían? Ustedes deciden.

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