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A casi una semana de las elecciones presidenciales del primero de Julio, el día de hoy encontramos

comunicadosenlas redes sociales que instan a la población a sumarse a las marchas, a ser revolucionarios, a defender la democracia, el voto, ¡el país! de lo que muchos creen, fue un fraude orquestado por el PRI, el IFE, las tiendas de autoservicio en contra de Andrés Manuel López Obrador y en contra de la democracia.

Sin embargo a la par de los reclamos y las pruebas evidentes para los ciudadanos pero parece que no tan evidentes para las autoridades, ¿Realmente vivimos un fraude?

En teoría ha ganado el partido y el candidato que tuvo mayor cantidad de votos, y a diferencia del 2006 la diferencia entre el primero y el segundo lugar fue contundente, mientras en 2006 AMLO perdía por 240,000 votos y una diferencia de 0.56% en contra Felipe Calderón; en 2012 AMLO pierde por casi 3,000,000 de votos.

Desgraciadamente para la aún incipiente democracia mexicana, ambas elecciones estuvieron plagadas de irregularidades, falta de propuestas viables, infestadas de buenos deseos y promesas populistas que llovían desde la derecha, el centro, la izquierda y otros frentes poco claros.

Ambas elecciones estuvieron marcadas por la participación ciudadana claramente desinformada, pero extremadamente apasionada por defender a “su candidato” o “a su partido”.

Millones emitieron un voto hueco, un voto inútil democráticamente hablando. En política, la participación informada es la herramienta de transformación que sirve a cualquier sociedad para avanzar, un voto que se hace por un candidato sin tomar en cuenta sus propuestas es un sinsentido.

Siendo sinceros, ¿Cuántas de las personas que hoy se quejan del proceso electoral podrían recapitular al menos la mitad de las propuestas de “su candidato”? ¿Cuántas de las personas que votaron por el PRI, sea la razón que sea para haber votado así, podrían hacer lo mismo? ¿Cuántos estaban seguros de la viabilidad de lo propuesto?

Al día de hoy es claro que como ciudadanos, hemos perdido, hemos convertido nuestro sistema electoral en un sistema diseñado para que gane el candidato cuyo equipo esté fuertemente entrenado para el acarreo, la operación carrusel, la ingeniería financiera, la coacción, las promesas de contratos o licitaciones, etc.

Hoy no perdió AMLO y la coalición de izquierda porque el PRI haya comprado millones de votos, perdió porque la coalición no tuvo la capacidad de comprar más votos que su principal adversario.

No hubo en la elección un solo partido que pudiera alzar la mano y declararse “libre de irregularidades” “democrático”, “HONESTO”. Todos los partidos políticos en mayor o menor medida coaccionaron ciudadanos, compraron votos, dieron despensas, prometieron a manos llenas. ¿Por qué solo volteamos a ver al PRI? Si somos verdaderamente democráticos y revolucionarios, entonces volteemos a ver todas las irregularidades, y aceptemos nuestra responsabilidad como mexicanos de llevar al país hasta donde hoy ha llegado, de otra manera solo pasaremos de ser revolucionarios a ser revoltosos, sin conseguir absolutamente nada.

A toda la gente con animo combativo: Combatamos como país la corrupción y no volvamos a dar una sola “mordida” una sola “dádiva”, combatamos firmemente el rezago y la pobreza; mientras vivamos en un país en donde la mitad de sus habitantes son pobres, jamás lograremos erradicar la compra de votos. Salgamos 20, 30, 50 mil personas a combatir el atraso en las comunidades aledañas a las capitales de los estados, llevemos desarrollo social, alfabetización, oportunidades comerciales, ¡PROGRESO!

Una nueva Revolución Mexicana es en definitiva necesaria y urgente, una revolución plagada de caudillos armados con información y altura de miras, cargados con cartuchos llenos de oportunidades para sacar adelante a este país. Seamos verdaderos ciudadanos y no solamente habitantes, ese será el momento en que los partidos políticos sean del color que sean, no podrán pedir oro por espejos y tendrán que entregar plataformas y proyectos viables por los cuales votar.

Yo pregunto: ¿Los cientos de miles inconformes en el país dispuestos a todo, donde estuvieron los últimos 6 años? ¿Qué estuvieron haciendo por México? ¿Cuánto “face “consultaron y cuanto “book” leyeron?

¿Tenemos derecho a quejarnos 6 meses y quedarnos sentados 6 años?

Bien decía Salvador Allende: “Ser Joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”

¿Somos verdaderamente revolucionarios o simplemente revoltosos?

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